Un cuadro: The crystal ball de John William Waterhouse

The crystal ball de John William Waterhouse
The crystal ball (1902), John William Waterhouse

Inauguro esta sección con uno de mis cuadros favoritos de uno de mis pintores favoritos: “The crystal ball” o “La bola de cristal” de John William Waterhouse. Se trata de un óleo sobre lienzo (120,7 x 87,7) realizado en 1902 y que a día de hoy pertenece a la colección privada del empresario mexicano de origen asturiano, Juan Antonio Pérez Simón.

El cuadro es de estilo prerrafaelita y nos muestra a una mujer observando con atención una bola de cristal como si ahí pudiera ver su destino. A su alrededor una casa de estilo renacentista italiano, en la que podemos ver una calavera que nos lleva a pensar en la fatalidad y la muerte.
John William Waterhouse nació en Roma en 1849, donde su padre, de nacionalidad inglesa, trabajaba como pintor. En la década de 1850 regresaron a Inglaterra y en 1870 ingresó en la Royal Academy Schools de Londres. Sus primeras obras fueron exhibidas en la Royal Academy, la Sociedad de Artistas Británicos y la Dudley Gallery. Con 28 años volvió a su tierra natal donde se imbuyó de las costumbres de la vida italiana, lo que se vio reflejado en sus cuadros. Su fama fue creciendo y a partir de 1880 expuso anualmente en la Royal Academy, de la que fue socio y académico de 1885 a 1895, y en The Academy. En 1891 conoció a una modelo, cuyo nombre se cree que fue Muriel Foster, que posó para algunos de sus cuadros más célebres. Desde 1903 y hasta su muerte en Londres el 10 de febrero de 1917, fue patrocinado por Alexander Henderson, un financiero que compró varias de sus pinturas.
La temática de sus obras cambia en función de la etapa en la que vive. Sus primeros cuadros tienen una temática clásica influencia de su viaje por Italia; en la fase intermedia de su carrera sus cuadros tienen un carácter más literario; finalmente, llega a su persona el movimiento impresionista y su obra se vuelve más relajada y de colores más claros y brillantes en la etapa final de su vida.
En cuanto a su estilo se podría resumir como elegante y misterioso, con claros tintes románticos, reforzado por el uso de colores fuertes que crean un ambiente onírico y fantástico. También es característico de su obra la inclusión de ciertos elementos simbólicos que no la supeditan a la realidad. El centro de sus lienzos es la belleza femenina enmarcada en paisajes idílicos, lo que ha dejado para la posteridad a hermosas ninfas, diosas, sirenas y doncellas que nos instan a indagar en sus legendarias historias.